Universidad

Este proyecto representa uno de nuestros desarrollos más significativos por su impacto social. Una universidad en crecimiento, con recursos limitados y operando en un inmueble arrendado, necesitaba una solución flexible, rápida y completamente desmontable para ampliar su capacidad y atender a cientos de nuevos estudiantes.

A través de un sistema constructivo 100% modular con contenedores reciclados, desarrollamos e instalamos aulas funcionales en tiempo récord, transformando un estacionamiento de 1,000 m² en un campus activo. El modelo permitió escalar el proyecto por etapas, adaptándose al crecimiento de la universidad sin comprometer su viabilidad financiera ni operativa.

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El proyecto inició ante la necesidad urgente de habilitar seis aulas para 180 alumnos en un periodo muy corto, previo al inicio del ciclo escolar en agosto. La limitante principal era que el terreno disponible —un estacionamiento con acceso complicado— no permitía una construcción tradicional. Además, al tratarse de un inmueble arrendado, era indispensable que toda la infraestructura pudiera retirarse en cualquier momento.

La logística representó uno de los principales retos, ya que el acceso al sitio implicaba maniobras complejas en calles estrechas. Fue necesario coordinar permisos con vecinos y ejecutar una planeación precisa para el ingreso de los contenedores. A nivel técnico, el terreno presentaba problemas de nivelación e inundación, por lo que se optó por elevar las estructuras mediante zapatas a 40 cm del suelo.

La primera fase se completó en 30 días, logrando entregar las aulas el 1 de agosto, listas para recibir a los alumnos. La respuesta fue inmediata: lo que inicialmente generaba dudas —tomar clases en contenedores— se convirtió rápidamente en una experiencia distintiva y valorada por la comunidad estudiantil.

Tres meses después, la universidad solicitó una ampliación adicional: ocho nuevas aulas con entrega en enero. A pesar de las limitaciones de tiempo por la temporada decembrina, el proyecto se ejecutó en tiempo récord, consolidando un plan maestro de crecimiento que contemplaba hasta 24 aulas modulares de 30 m² cada una.

El desarrollo continuó evolucionando por etapas. Se incorporaron áreas complementarias como una cafetería construida en un contenedor de 20 pies, así como circulaciones exteriores resueltas con materiales reciclados, incluyendo durmientes de tren por su durabilidad y bajo mantenimiento.

En una fase posterior, se duplicó la capacidad del campus mediante la construcción de un segundo nivel con nuevas aulas y un gimnasio. Debido a la operación continua de la universidad, la instalación debía realizarse en un solo fin de semana. Tras semanas de preparación en taller, el montaje se completó en tiempo récord, sorprendiendo a los alumnos al inicio de la semana siguiente.

El proyecto integró también criterios de sustentabilidad y confort, como la correcta orientación de las aulas, sistemas de aire acondicionado y el uso de energía generada al 100% por paneles solares.

Hoy, este desarrollo es un ejemplo claro de cómo la arquitectura modular puede resolver necesidades reales de manera eficiente, accesible y escalable. Nos enorgullece haber sido parte de una iniciativa que amplía el acceso a la educación y demuestra que, con creatividad y ejecución precisa, es posible transformar cualquier espacio en una oportunidad.

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