Por esta razón, utilizamos colores que mejoran el entorno, ya sea integrando la identidad de la empresa o apostando por tonos que generen contraste y vitalidad. El amarillo, por ejemplo, se ha convertido en uno de nuestros favoritos por su capacidad de destacar, transmitir energía y mantenerse visualmente limpio con el paso del tiempo.
Este enfoque refleja nuestra filosofía: cada elemento, sin importar su función, puede ser diseñado para aportar más allá de lo básico.
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El proyecto fue concebido como un esquema mixto que integra bodegas de 20 m² con oficinas de 10 m², utilizando contenedores de 40 pies High Cube como base estructural. Esta combinación permite ofrecer soluciones prácticas para emprendedores y pequeñas empresas que requieren almacenamiento y espacio de trabajo en un mismo lugar.
Uno de los principales retos fue la ubicación: aunque contaba con buena localización estratégica, el acceso no era sencillo. Para contrarrestar esta condición, se propuso utilizar colores vivos en los contenedores, logrando que el proyecto destacara visualmente desde distintos puntos y reforzara su carácter innovador.
En el interior, las oficinas fueron acondicionadas con aislamiento de fibra de vidrio y acabados en tonos claros mediante pisos laminados, generando espacios cómodos, bien iluminados y agradables para trabajar. Las bodegas, por su parte, se equiparon con iluminación superior y contactos eléctricos, garantizando funcionalidad para distintos tipos de uso.
Se conservaron las puertas originales de los contenedores como acceso a las bodegas, aportando seguridad y manteniendo la esencia del sistema constructivo.
El proyecto incorpora también un área de coworking, complementando la oferta y creando un ecosistema que fomenta el trabajo, el almacenamiento y la interacción en un mismo lugar.
Esta propuesta demuestra cómo la arquitectura modular puede adaptarse a modelos de negocio emergentes, ofreciendo soluciones eficientes, atractivas y alineadas a las nuevas necesidades del mercado.




