Este proyecto nace de la pasión por la bicicleta y la vida al aire libre. Un cliente nos buscó con la idea de crear un miniloft en la sierra de Querétaro: un refugio de fin de semana donde pudiera desconectarse, compartir con su familia y disfrutar del entorno natural después de un día de montaña.
El resultado fue un espacio compacto, funcional y completamente integrado al paisaje, pensado para abrirse al exterior y cerrarse por completo al regresar a la rutina. Un lugar sencillo, pero lleno de intención.
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El objetivo del proyecto era claro: desarrollar un espacio práctico y acogedor para escapadas de fin de semana, capaz de responder tanto al descanso como a la convivencia familiar. El cliente, amante del ciclismo de montaña, buscaba un lugar donde pudiera recuperarse después de largas rutas o simplemente disfrutar de una comida al aire libre con su esposa e hijos.
El diseño se resolvió a partir de un contenedor, integrando una cocineta con barra orientada hacia el exterior. Al abrir las puertas originales del contenedor —complementadas con un cristal como filtro— el espacio se transforma, conectando directamente con el paisaje y ampliando la sensación de amplitud.
En el interior se incorporó una litera con dos camas matrimoniales, permitiendo alojar cómodamente a una familia de cuatro personas. El baño se resolvió como un volumen independiente en el exterior, manteniendo el área interior más libre y funcional.
Uno de los atributos más interesantes del proyecto es su capacidad de transformarse: durante su uso, el espacio se abre completamente hacia la naturaleza; al finalizar el fin de semana, el contenedor se cierra por completo, quedando protegido hasta la siguiente visita.
Este miniloft es un ejemplo de cómo la arquitectura modular puede adaptarse a estilos de vida específicos, creando espacios sencillos pero significativos, donde el verdadero valor está en la experiencia que se vive en ellos.




