Este es uno de los proyectos que más nos ha marcado. Todo comenzó con una frase sencilla en un pequeño pueblo: “Si pudiera tener un lugar donde proyectar películas, podríamos hacer más por la comunidad.”
A partir de esa idea, desarrollamos el Cinemóvil: una sala de cine itinerante dentro de un contenedor, diseñada para llevar cultura, educación y entretenimiento a comunidades con acceso limitado a este tipo de espacios. Un proyecto que, más allá de la arquitectura, busca generar impacto social real.
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La idea tomó forma a partir de una conversación que dejó huella. Con el objetivo de convertirla en realidad, iniciamos el desarrollo de un cine móvil que pudiera ser transportable, seguro y funcional, capaz de adaptarse a distintos entornos y comunidades.
Analizamos referencias internacionales, pero encontramos que muchas soluciones eran temporales o de alto costo. El reto fue claro: diseñar un espacio accesible, duradero y replicable, que pudiera funcionar como cine, aula y auditorio al mismo tiempo.
El proyecto fue posible gracias a la colaboración de aliados y donantes. Industrias Ideal, especialistas en butacas para cine, se sumó desde el inicio donando asientos y apoyando en el diseño para optimizar la capacidad del espacio. El resultado fue un cine con capacidad para 33 personas, acondicionado con criterios de acústica, visibilidad y confort, logrando una experiencia cinematográfica completa.
El interior fue aislado con materiales térmicos y acústicos, complementado con acabados en madera y piso vinílico que aportan calidez y facilitan el mantenimiento. Se integró un sistema de sonido envolvente y proyección de alta definición, permitiendo que la experiencia fuera comparable a la de una sala tradicional.
El Cinemóvil —nombrado “Bernardo” en honor a un ser querido— comenzó su recorrido en el mismo pueblo donde nació la idea, permaneciendo durante cuatro meses y generando gran expectativa en la comunidad. Con el tiempo, se ha trasladado a distintas zonas de Querétaro, impactando a miles de personas.
Uno de los momentos más significativos fue su instalación en Menchaca, donde permaneció durante un año como parte de una intervención cultural impulsada por la Fundación Proart. La comunidad no solo lo utilizó, sino que lo adoptó: lo cuidaron, lo mantuvieron en perfecto estado y lo integraron a su vida diaria.
En este espacio surgieron iniciativas como “Cinemench”, donde niños, jóvenes y adultos participaban en funciones semanales, utilizando el contenedor también como aula y foro comunitario. Incluso se promovió una dinámica donde el acceso al cine implicaba recoger basura del entorno, transformando el espacio público en un lugar limpio y activo.
Además de su impacto comunitario, el Cinemóvil ha sido sede de festivales de cine y exhibiciones culturales en el centro de la ciudad, demostrando su versatilidad como plataforma itinerante.
A lo largo de más de cinco años, más de 5,000 personas han vivido la experiencia del Cinemóvil, no solo viendo películas, sino generando reflexión, diálogo y aprendizaje.
Este proyecto representa la esencia de lo que creemos: la arquitectura no solo construye espacios, también puede transformar comunidades.
















