Casa en la Sierra

Hay proyectos que se disfrutan de manera especial, y la Casa en la Sierra es uno de ellos. Dos familias buscaban un refugio de fin de semana en medio de la naturaleza, en Lagunas de Servín, Querétaro. La propuesta: dos contenedores de 40 pies High Cube, cada uno con dos habitaciones, conectados por un espacio común que permitiera convivir y disfrutar del entorno.

El resultado fue una casa integrada al paisaje, donde la arquitectura se adapta al lugar y no al revés. Un proyecto que no solo resolvió una necesidad, sino que también nos dejó aprendizajes clave sobre construir en contacto directo con la naturaleza.

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Desde el inicio, el objetivo fue claro: crear un espacio funcional para dos familias, respetando al máximo el entorno natural. Ambos contenedores fueron diseñados para alojar dos habitaciones cada uno, y se unieron mediante una cubierta de madera y cristal que genera un área común de aproximadamente 70 m², equipada con cocina, comedor y sala.

El terreno, ubicado en una zona boscosa, implicaba un reto importante. No se podía —ni se quería— intervenir de manera agresiva el entorno, por lo que la estrategia consistió en adaptar la construcción al sitio existente. Se utilizó una grúa de maniobra controlada para minimizar el impacto, y la comunidad local participó activamente en el proceso, incluyendo la construcción de baños en piedra que se integran de forma natural al contexto.

Como parte del diseño, se decidió conservar las puertas originales de los contenedores, incluyendo sus placas de identificación, como un guiño a su historia. Estas puertas se integraron como accesos, aportando carácter y reforzando la narrativa del proyecto.

Sin embargo, el proyecto también dejó lecciones importantes. Al tratarse de un entorno húmedo, algunos materiales inicialmente utilizados —como recubrimientos tipo madera en muros— no respondieron adecuadamente a las condiciones del lugar. En pocas semanas, la humedad provocó deformaciones, obligándonos a desmontar y rehacer los acabados con materiales adecuados, como paneles resistentes a la humedad.

Este proceso implicó un esfuerzo adicional significativo, tanto en logística como en ejecución, pero reafirmó nuestro compromiso con la calidad y la garantía de cada proyecto.

Casa en la Sierra nos enseñó que cada entorno tiene sus propias reglas. Factores como clima, humedad y orientación deben ser cuidadosamente analizados para lograr un resultado duradero y coherente con el contexto. Hoy, este proyecto representa no solo una solución arquitectónica, sino una experiencia de aprendizaje que seguimos aplicando en cada nuevo desarrollo

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